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Cuando la muerte nos sorprende

Actualizado: 20 abr 2021

Desprendernos de la vida es un paso difícil de dar, la #muerte puede verse como un tema un poco tenebroso, que genera temor, especialmente cuando vemos partir personas cercanas, confirmamos nuestra vulnerabildad. Un momento que puede ser a la vez una oportunidad para replantearnos la muerte como parte de la #vida

He estado pensando en este tema, me tocó de cerca hace poco, por la muerte de alguien muy cercano: Arilog, conocida por todos como "Ari", con estas palabras quiero ofrecerle un pequeño homenaje. Su muerte me sorprendió, por más que hubo un proceso de enfermedad, no me lo esperaba, pues siempre tuve la esperanza de que el tratamiento médico pudiera "hacer el milagro" y preservar su vida, pero las circunstancias que estamos viviendo, por esta época de pandemia nos demuestran que somos más vulnerables de lo que pensamos. Compañera y pionera en mi equipo de trabajo -esa familia de todos los días que antes de esta época, era aún más cercana y frecuente que la #familia de sangre-, ese lazo que nos unió tantos años, hace que me cueste pensar en no verla más, saber que ya no estará más con nosotros. Veo las numerosas fotos que hay de ella feliz, compartiendo en un ambiente de alegría y confirmo lo #efímeros que somos... Quedan los recuerdos: las risas, los momentos vividos, los desayunos, los alimentos compartidos, las conversaciones que a veces se tornaban en discusiones, por las diferencias usuales que solemos tener, los informes y proyectos realizados con sus capacidades como investigadora y su gran habilidad para buscar información "escondida en la red". Ella era un ser muy especial: detallista, alegre y sociable, que difícilmente pasaba desapercibida, que estará en las #historias y en los corazones de quienes la conocimos en ese: "un lugar hecho para soñar".

Observo esta imagen y confirmo que siempre la naturaleza nos enseña, en este caso sobre el desprendimiento: las flores y hojas mueren constantemente, dejan la vida para dar paso a otras nuevas, sin embargo el #árbol sigue ahí, renovándose cada día. Por otro lado, a los seres humanos nos cuesta un poco desprendernos, aceptar el cambio, renovarnos. Hace poco escuché una idea para hacer de la muerte un tema menos oscuro y tenebroso: -haciendo uso de la riqueza del lenguaje y las palabras- hablar mejor de desencarnar, dejar este #cuerpo físico o desprendernos de la vida. Dejar este plano terrenal y conocido, es un hecho inevitable al que, sin querer, nos apresuramos: cuando vivimos en un acelere constante, dando cabida a la enfermedad, por el precario cuidado y atención que damos al cuerpo y al bienestar.


Ese aspecto dual, es uno de los que aborda Esteban @estebananda.ea en el curso Sembrando humanidad del Semillero de #yoga, al tratar el tema de la muerte: es algo que evitamos, que nos causa dolor y #sufrimiento, a lo cual sin embargo, muchas veces nos precipitamos. Por otro lado, tenemos la opción de verla como parte de la Vida: una con mayúscula, que trasciende la experiencia del cuerpo y esta etapa terrenal. Ver la muerte como parte de la vida, incluye considerar que vivimos pequeñas muertes cada noche, cuando cerramos los ojos a la realidad, un proceso de apagado bastante útil y necesario, - lo podemos decir quienes hemos sufrido de insomnio-. Además, sin darnos cuenta frecuentemente morimos a personas, circunstancias, viejas creencias y hábitos que decidimos dejar atrás; lo duro es cuando toca hacerlo sin que sea nuestra decisión, creo que ahí está el meollo del asunto: en el #control que creemos tener de lo que sucede en nuestro entorno, con cierta falta de humildad para reconocer que somos una parte pequeña de un gran #sistema, como el árbol: solo una parte del #bosque. Sobre la muerte como parte de la vida, habla Kalil Hibran en un bello poema: El secreto de la muerte, acá un extracto:

...Porque, ¿qué es morir sino erguirse desnudo?

Y ¿qué es dejar de respirar sino el liberar el aliento de sus inquietos vaivenes para que pueda elevarse y expandirse y, ya sin obstáculos, buscar a Dios?

Sólo cuando bebáis el río del silencio cantaréis de verdad.

Y, cuando hayáis alcanzado la cima de la montaña es cuando empezaréis a ascender.

Y cuando la tierra reclame vuestros miembros es cuando danzaréis de verdad.

Una vez discernidos todos los misterios de la vida, desearás la muerte, porque la muerte no es sino otro misterio de la vida.

KHALIL GIBRAN


Así como el caso de Ari, recientemente he escuchado numerosas historias de personas que han muerto a pesar de ser jóvenes, de verse saludables, que aparentemente tenían chance de salvarse, pero ya no están con nosotros. Ahí está mucho del temor que este tema despierta, enfrentar la #ausencia de esa persona. Algunas veces sucede que ante una muerte repentina, quedamos con asuntos "pendientes" con esa persona, deudas emocionales que nos pasan factura, por las palabras no dichas o los #abrazos negados.

Sobre este asunto, recuerdo especialmente la muerte de mi padre, fue un hecho #repentino: aunque había un antecedente de infarto por culpa de una mala noticia recibida, no pensamos que podía irse tan rápido de este mundo. Habían planes de recuperar su "molienda", que hacían que pensáramos en una nueva #oportunidad, luego de vivir una situación difícil en su adorada finca El cañón, su terruño adorado. La experiencia de la muerte de un ser querido duele, y aunque lloré, no fue tanto como suelo hacerlo en situaciones como esta. Sentí cierta tranquilidad, ningún remordimiento, pensaba además que él estaba preparado, -lo que luego puse en duda-. En ese momento sentí que disfruté a mi padre, como suelen hacerlo los hijos menores, pues es usual que sean los consentidos, fue mi caso, a pesar de ser un hombre parco y poco expresivo, de mi parte había admiración y complicidad.

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Otro recuerdo que me llegó hace poco, conversando en familia sobre el #pueblo y sus historias -habiendo crecido en un pueblo bastante rural-, es que durante mi infancia se daban tenebrosas peleas a muerte entre campesinos, que el día domingo solían visitar las cantinas y la gallera, para embriagarse y luego cazar sus propios duelos, terminando en algunos casos con heridas de gravedad o con la muerte de alguno de los contrincantes. De esos casos, uno que aún recuerdo, es el del padre de una compañera de mi salón de clase, estando en tercero de primaria: sucedió que con el arma que fue herido de muerte, mató a su oponente, dos muertes repentinas y violentas, causadas por una discusión con unos tragos de más, en un momento de inconsciencia absoluta. Suena loco, pero llegó a pasar. Algo triste que me cuestionaba en casos como este, especialmente por haber involucrada una persona cercana, son las familias que quedan... Viudas e hijos huérfanos que pierden un #padre, la cabeza y el sustento de la familia, lo que cambia sus vidas radicalmente. A pesar de estar pequeña, este hecho me hizo pensar en lo #frágil de la vida, ponerme en el lugar de esta "amiguita" que quedó sin papá, de ellos recuerdo que pronto se fueron del pueblo, el asunto implicaba un #cambio de vida total.


Este caso me hace pensar en otro aspecto de la muerte: los homicidios, cuando la vida es arrebatada por voluntad de alguien más, cuando hay violencia involucrada y queda un sentimiento de injusticia en el entorno de la víctima. Sucede a veces que la amargura y la #tristeza de esa pérdida, causa que los más afectados quieran "morir en vida", en negación o una especie de "desprecio" por la vida, lo que termina afectando el sistema familiar y social, personas que "buscan la muerte" inconscientemente, poniendo su vida en riesgo con frecuencia, enfrentando situaciones como las adicciones, querer huír de la realidad o "vivir al límite", atrayendo lo "extremo", el peligro y el #drama.

Relacionado con esto y en cuanto a la muerte propia, - que puede cuestionarnos bastante-, creo que la forma de afrontarla tiene mucho que ver con la vida que llevamos, la #plenitud y satisfacción que podamos sentir ahora. Puede ser que en el momento de desencarnar, nos enfrentemos a sentimientos como miedo, soledad e #incertidumbre ante lo desconocido, lo que viene, de lo cual no hay certeza. Ante esto, podemos entrenarnos, empezar a elegir aceptar lo que llega, adaptarnos, ser flexibles, sentir #gratitud por lo vivido: momentos disfrutados y pequeños placeres, además sentir que cumplimos una misión, que usamos el tiempo de vida con un propósito, que servimos y aportamos a otras vidas. Lo otro es que en ocasiones nos desgastamos pensando en lo que puede salir mal, en el morir y en la forma de morir y ahí se nos está yendo la vida. Ella siempre traerá dificultades, momentos menos dulces, extraños o diferentes -como el que afrontamos en la actualidad- que le dan esa combinación de sabores, esa diversidad, la enriquecen y llegan para fortalecernos. El apego a lo conocido, el #miedo a superar esas dificultades o situaciones "diferentes" es lo que a veces paraliza e impide abrir la mente y el #corazón al cambio, a recibir y experimentar lo #nuevo, con la confianza de poderlo resolver y disfrutar.

Mi recomendado

Un par de libros interesantes del tema son: "Libro tibetano de la vida y de la muerte" de Sogyal Rimponché y "La rueda de la vida" de Elizabeth Kübler-Ross. Este último es la biografía de esta médica, psiquiatra y escritora, con múltiples libros que relatan experiencias conmovedoras sobre su acopañamiento en el transe entre la vida y la muerte.

Sobre la muerte y el desapego nos habla el "Libro tibetano de la vida y de la muerte" de Sogyal Rimponché:

El latido de la muerte. No habría oportunidad de conocer la muerte si solo ocurriera una vez. Pero por fortuna, la vida no es sino una continúa danza de nacimiento y muerte, una danza de cambio. Cada vez que escucho un arrollo de montaña, o las olas que rompen en la orilla, o el palpitar de mi propio corazón, oigo el sonido de la impermanencia. Estos cambios, estás pequeñas muertes, son nuestros lazos vivientes con la muerte. Son el pulso de la muerte, el latido de la muerte que nos incita a soltar todas las cosas a las que nos aferramos.

...Así como las olas no causan ningún sufrimiento a las rocas al chocar contra ellas, sino que las erosionan y esculpen dándoles bellas formas, también los cambios pueden moldear nuestro carácter y suavizar nuestras aristas. Mediante los cambios podemos aprender a cultivar una postura apacible pero inconmovible. Nuestra confianza en nosotros mismos va en aumento, y llega a ser tan grande que la bondad y la compasión empiezan a emanar naturalmente de nosotros y a llevar alegría a los demás.


Personalmente, por momentos he pensado en la muerte como un lugar oscuro, un estado de completa quietud, por más que quiera verlo como un estado de paz, hay cierto #temor por la inmovilidad, seguramente tiene que ver con que me falta aún aprender a disfrutar más la #quietud, a relajarme, a confiar, dejar de hacer cosas en todo momento.


Es precisamente en eso que identificamos, en lo que toca trabajar y creo que puede ser un reto común para muchas personas, aprender y practicar hoy: soltar el control, confiar en la vida, dando lo mejor de nosotros, sabiendo que estamos interrelacionados, que somos parte de una humanidad y un universo, que se presenta en forma de familia, empresa, barrio, amigos, en fin, diferentes comunidades que nos afectan y que afectamos. En ese sentido, mejor elegir conectarnos con el hoy: atentos, ubicados en el #presente, con hábitos en pro de la vida, la salud, el #bienestar propio y de otros, dejando a un lado ese "piloto automático", esa actitud de que "siempre ha sido así", dispuestos hoy a recorrer nuevos caminos, escuchar otros puntos de vista, ensayar otras maneras, nuevas rutinas, disfrutando y agradeciendo cada paisaje, cada atardecer, cada conversación, cada alimento recibido, cada café compartido, cada encuentro, cada abrazo, cada proyecto trabajado.

Estar conscientes en cada momento, abiertos a recibir lo nuevo, #aceptar lo diferente, despertando cada día dispuestos a dejarnos sorprender por lo que tenga el universo para darnos, renaciendo cada mañana cargados de una nueva energía, para así también estar dispuestos a enfrentar pequeñas muertes: como el árbol, desprendiéndonos de las hojas y flores viejas, poder cerrar ciclos de forma satisfactoria, practicando el #desapego, con la plenitud de desencarnar en cualquier momento tranquilamente, evitando dejar ataduras o pendientes en este plano terrenal.

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