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Autoexigencia y productividad


"Ley del menor esfuerzo: esta ley se basa en el hecho de que la inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad y despreocupación. Ese es el principio de la menor acción de la no resistencia. Por consiguiente es el principio de la armonía y el amor”. (Deepack Chopra)

"Ahí están ellos, siempre aplicando la #leydelmenoresfuerzo". Este era un dicho popular que escuché de una profesora en el colegio. La recuerdo muy bien y se refería a los "vagos" del salón. Años después cuando leí el título: "ley del menor esfuerzo" en el libro Las 7 leyes espirituales del éxito, me pareció increíble, realmente existía! Aunque en un sentido diferente a la interpretación que daba la profe.


La imagen inicial es de una época en la que entrenaba #apnea juiciosa, 3 veces a la semana, amaba estar en la piscina. Cercano a esa época, recuerdo alguna vez que disfrutaba una noche de películas con amigos en casa de uno de ellos, pero me quedé dormida, ante lo cual él me decía al final, en tono de regaño: "¡claro! Cómo no se va a dormir, si entrena en semana, el sábado se va para San Andrés a bucear, llega y se va para Sopetrán a dar un taller de matemáticas, llega a clase de francés... No mija es que usted hace demasiadas cosas". Me sonó un poco exagerado, sin embargo ¡esa era yo! Moviéndome todo el tiempo, casi que negándome a descansar, a tener un #tiempoderelax, sin hacer algo.


Pensando recientemente en ese #programa de hacer mucho, llegó una escena que me llevó de inmediato a revivir mi infancia y posiblemente fue una señal para volver a mirar esa niña, encontrar la raíz del asunto y reconciliarme con ella.

Estaba uno de mis sobrinos pequeños, desayunando sentado en la mesa, mi hermana le decía en repetidas veces que comiera rápido, pues llegaría el transporte para el colegio y él no estaría listo. Ella un poco ofuscada al ver su tranquilidad, lo cuestionó: "¿pero por Dios que estás pensando?"

"¡Mamá yo no estoy pensando! Acaso estoy así?" -Le mostró la postura del #pensador que para él era la única opción para estar "pensando"-.

A mí me causó mucha risa esa respuesta y preferí alejarme para no exaltar más los ánimos de ese momento tensionante.


El asunto es que de inmediato me ví sentada junto a un muro que hacía de comedor, en mi #casadeinfancia. Estaba frente al patio interno mirando fijamente un árbol de naranjas, comiendo lentamente, pensando, imaginado, soñando. Hasta que llegaba mi madre agitada a acosarme porque ya me iba 'a coger el día' para ir a la escuela.


De la época de mi infancia recuerdo momentos de juegos en casa de amigas y en la escuela. Otros sobre regaños, pelas por parte de mi #madre, quien fue un poco estricta y exigente en el proceso de educarnos a mis hermanas y a mí. Tengo memoria de algunos momentos de llanto incontenible y pataleta que venían después de "un acto de desobediencia", eso decía ella. Hoy soy consciente de que esa desobediencia era más distracción, ligada a mi personalidad un poco #soñadora. Recuerdo que visitaba mis amiguitas, algunas vecinas otras viviendo lejos. Nos encantaba jugar y jugar por tardes enteras. Cuando menos pensaba, ya se había pasado el #tiempo, resultaba llegando a casa más tarde de mi tiempo permitido y pun! llegaba la pela.


Hoy comprendo con el #corazón a mi madre y su afán de corregirnos, educarnos de la mejor manera. Ella ha sido una mujer de un compromiso admirable con su labor, sin embargo en ese afán de cuidarnos, cuidar la casa, trabajar como costurera, atender a mi papá, minimizó su tiempo para el descanso, para simplemente sentarse a conversar, hacer una #pausa. Es posible que eso para ella fuera "perder el tiempo", es lo que aprendió a su vez de sus padres: en un ambiente de trabajo duro en el campo y en labores del hogar desde sus primeros años.


Y es algo que se quedó anclado en mí, interiorizado, aún sin necesidad de que ella lo dijera con palabras. Como sabiamente he escuchado: "el #ejemplo no es una manera de enseñar, es la única". Desde hace un tiempo tengo claro que quiero soltar ese asunto tan introyectado para muchos: hacer cosas todo el tiempo "porque es lo correcto".

Porque sino entonces la mamá, el papá, el #jefe y todas las figuras que representan #autoridad no me van a reconocer... No me van a valorar.


Afortunadamente en las personas referentes en mi vida, mi papá jugó un papel especial. Al contrario de mi madre, él si tenía momentos de #ocio -eso lo pude observar y admirar- en los que se sentaba a pensar, mirar el cielo, incluso lo hacía tirado en el piso, relajado en una manguita. Creo que en parte pasaba porque tenía una conexión bastante especial con la #tierra. El campo era su trabajo, su hobbie, su vida, pero además se conectaba con lo que representa el elemento tierra: estable, lento en sus movimientos, firme, seguro, confiado, de eso he sido consciente y lo he venido integrando en mi camino de transformación.


Creo que es con los años que he aprendido a valorar el elegir lo que realmente quiero hacer, lo que disfruto. Soy consciente de que en todo proyecto hay partes, tareas que cuesta un poco más hacerlas, sin embargo hoy tengo claro que elijo hacerlas como parte de un #propósito más grande, de un compromiso adquirido, evitando caer en el extremo complaciente. Hacer por complacer a otros, es algo bastante común, poner nuestro valor en la cantidad de #acciones y en la posterior recompensa: la buena opinión de otras personas sobre nosotros.


Ser productiva y autoexigente, es entonces un mandato recibido en la infancia con frecuencia, hoy encuentro que es común en muchas personas. Últimamente me ha llegado el mensaje de reconocer la existencia de este #mandato, asumirlo, para poder transformarlo. Posiblemente muchos nos sintamos identificados con palabras como: debes estar #ocupado siempre, hacer algo productivo con el tiempo, hacer muchas cosas, moverte todo el tiempo, para ser "bueno".


La buena noticia es que hacernos #conscientes de estos mandatos es el primer paso para transformarnos, además podremos ver cambios en el entorno. "Como es adentro es afuera" es una de las leyes universales. En mi caso he podido "contagiar" un poco de calma a mi madre por ejemplo. Me hace bien verla sentada jugando, #riendo tranquila, sin afán, sin duda han de llegarle pensamientos de pararse a hacer cosas y atender a otros, pero se enfoca y #disfruta por un buen tiempo.


Para algunos la idea de ser productivos está ligada además al nivel laboral, en la misión de ser corporativos, pues ser #competentes exige dar cada vez más. En ese afán, hemos interpretado por ejemplo que es importante la cantidad de horas de trabajo, el estar haciendo todo le tiempo, en oposición a establecer un propósito, con acciones claras y enfocadas. Desafortunadamente, existen aún #organizaciones que funcionan bajo este pensamiento que se conoce popularmente como "horas nalga".


Relacionado con esto, un #cambiodeparadigma que está llegando y le escuché a un gran maestro es pasar de la manufactura a la mente-factura, como el cambio hacia la 4a revolución industrial, en la cual la prioridad no es la producción de bienes, el trabajo mecánico en serie, sino la generación de #servicios, con medios como la gestión de información. Sin embargo, en este cambio llega el agobio ahora por tareas como planear, contar, organizar, programar y pronosticar datos, tratando de predecir incluso los pensamientos de personas -posibles clientes-, en un acelere desenfrenado que se aleja de generar servicios o #creacionesconscientes, orgánicos y #sostenibles.


Ligado con la competitividad y el hacer sin parar, está el mandato de hacer varias cosas a la vez, ser #multitarea -multitasking- lo cual está siendo replanteado desde la #neurología cómo algo poco efectivo.

Poner a cocinar o calentar un alimento y ver un programa.
Conducir y hablar por celular.
Leer y escuchar música.
Conversar con alguien y revisar el celular.
Tener cien ventanas abiertas en la pantalla del computador.
Atender una reunión, revisar, recibir y enviar mensajes de WhatsApp.
Estas son algunas combinaciones que hemos vuelto común en el ritmo de vida acelerado que acostumbramos actualmente. 

Lastimosamente muchas de estas mezclas resultan terribles al momento del balance. Algunos resultados son #accidentes de tránsito por los conductores "distraídos". Momentos de angustia, discusiones por desatención que llevan a #vínculos cada vez más frágiles con hijos, padres y parejas. Además, #cansancio crónico llegando a sentirnos tostados -burn out- sin ganas de volver al trabajo. Y sin irnos a extremos, lo mínimo y más común es el estrés de saber que tenemos cosas pendientes, por querer atender todo al mismo tiempo.


A nivel fisiológico, esta dinámica cuando se vive con frecuencia, genera en el #sistemanervioso una sensación de alerta constante, de peligro, de estrés, un código que activa respuestas cómo quiere huir o atacar. A su vez, impide que el flujo sanguíneo y el oxígeno irriguen todos los órganos como lo harían en un momento de calma, #tranquilidad. Todo esto nos llevan a estar iracibles, con miedo o ansiedad, guardando pensamientos y emociones de baja vibración, a veces de forma inconsciente. Y sin querer, ahí se nos va la salud, el #bienestar, la vida.

Cultivar un estado de calma, tranquilidad, vivir con sensaciones como confianza y seguridad, implica entonces empezar a soltar paradigmas cómo:
"Debes ser productivo para ser aceptado, valorado".
"Debes hacer siempre lo correcto".
"Debes ser el mejor en todo lo que haces".
"Debes estar haciendo algo siempre".
"Evita perder el tiempo".
"El ocio es malo".

Con esto en mente, una expresión que escuchaba en mi infancia, de algo que estaba mal era: "estar de balde". Pobre balde, tan útil siempre al ser un cuenco vacío para recibir y contener, pero tan estigmatizado. Afortunadamente han surgido movimientos cuya misión es proponer cambios en nuestro #ritmodevida: "slow citys" o ciudades lentas, alimentación consciente en lugar de comidas rápidas, trabajar el estado de presencia o "mindfulness", la #atenciónplena en lugar del estado multitarea.


Transformar estas creencias implica no solo tener la #intención o entender con la cabeza y la razón, de dónde viene esa programación tan arraigada. Conocer su causa ayuda, sin embargo para una transformación profunda se hace necesario volver a los recuerdos. Afrontar esa figura de autoridad que nos hizo sentir desvalorizados posiblemente durante la #infancia por no hacer tanto o no ser los mejores "como el vecino" o como "el mejor de la clase". Ideas que siguen presentes, fantasmas atormentadores. Se hace necesario en ocasiones conectar con esa sensación de miedo o #rechazo, aceptarla, sentirla en el cuerpo para luego resignificar ese instante vivido intensamente que puede estar muy anclado.


El camino empieza por observarnos. Mirar con naturalidad qué pasa cuando no hacemos tanto como planeamos. Es usual que llegue una sensación de #remordimiento, emociones como miedo o #culpa. Puede llegar además una autodecepción, tristeza e impotencia por haber perdido el tiempo o la oportunidad.

Ante esos momentos de sombras y oscuridad, elige darles cabida, hacer una pausa, reconocer su existencia, dejarlos que lleguen. Evita huir o disfrazar la sensación con comida por ejemplo y otras distracciones. Mira de frente eso maluco, date cuenta que también eres esa culpa, esa tristeza, deja que llegue el dolor para transformarlo, una vez se acepta e integra.


Hazte consciente de las polaridades, reconociendo momentos para elegir ser #luz, día, brillar como el sol: compartir, hacer cosas y moverte. Así como también los hay para ser #sombra, darle paso a la noche, tu lado lunar: abrir espacio para el ocio, el descanso, la quietud.

Hazte consciente que puedes elegir momentos para estar ausente, un poco "desaparecer", sabiendo que el mundo no se acaba por eso. Poder "asumir la muerte como parte de la vida". Darle valor a esos espacios para observar lo que pasa adentro, en soledad, en quietud, darles prioridad, por más que hayan ocupaciones, pareja, hijos, padres y otros, demandando tu presencia y atención. 

Regalarte y priorizar ese espacio, es comprender que entras en un estado de "recarga" de #energía muy necesario. Momentos de claridad, de conexión con la divinidad presente en tí, con tu sabiduría interior. Para luego seguir funcionando con fluidez, sin quemarte en el intento de ser de calidad AAA. Como sabiamente lo dice la ley del menor esfuerzo: la #inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad y despreocupación, bajo la menor acción, la #noresistencia. Es ahí cuando encuentras conexión con el don de creación, con la armonía de la vida, en momentos en que dejas de preocuparte, sueltas cargas, te olvidas del afán de hacer, de organizar, de estar pendiente de otros, de los mensajes y las notificaciones que llegan.


A propósito de notificaciones, el celular es una de esas herramientas que pueden hacerte héroe o villano en el propósito de cultivar calma, #claridad y enfoque. Puede ser que lo vuelvas un aliado en el trabajo, para organizar tu tiempo y tareas. Está bien usarlo en la medida en que puedas ejercer soberanía sobre el, sin hacerte #dependiente. Una tarea entonces es observar los momentos que pasas sumergido en él y el propósito de estos.

Algunas acciones que ayudan al propósito de  lograr claridad y enfoque, soltando mandatos de productividad:
Elige bien las prioridades. ¿Qué tareas quieres realizar? Pon en ellas tu atención plena. 
Abre y cierra "ventanas" tanto en la pantalla del computador, cómo en la vida, en cada actividad que empiezas y terminas.
Evita dejar pendientes, toma decisiones frente a lo que crees que puedes hacer otro día, o en otro momento, para enfocar tu energía en el presente.
Haz una pausa, por más ocupaciones que haya, para respirar conscientemente, mirar el cielo o un paisaje que disfrutes.
Ten claro que clase de vínculos quieres tener con tu familia y compañeros. En esa medida, dedícales tiempo de calidad, de atención plena.
Conéctate con el niño(a) imaginativo y soñador que hay en tí, por medio del juego, el deporte, mover el cuerpo.
Dedica tiempo al artista expresivo que hay en tí, en actividades como cantar, escribir, bailar, múltiples opciones.
Elige dejar espacio en tu agenda para actividades que realmente disfrutas, como un gusto o un regalo para tí, a parte de las responsabilidades laborales, familiares  y sociales.


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